Voy a decir algo que probablemente a más de un mercadólogo no le va a encantar:
Muchas veces, la gente que más presume saber de marketing es la que menos está entendiendo cómo está cambiando.
Y antes de que cierres este artículo pensando que vengo a tirar hate a los mercadólogos con experiencia, déjame explicarme.
Tener años trabajando en marketing obviamente no es algo malo. Todo lo contrario. La experiencia vale muchísimo. Te da contexto, te enseña a equivocarte y, sobre todo, te permite reconocer patrones que alguien que apenas empieza todavía no conoce.
El problema aparece cuando la experiencia deja de ser una herramienta para aprender y se convierte en una excusa para dejar de hacerlo.
Porque si hay algo que tiene el marketing es que nunca se queda quieto.
El marketing que aprendiste ayer puede no funcionar mañana
Cuando empecé a trabajar en marketing, una de las cosas que más me sorprendió fue darme cuenta de que muchas cosas que parecían “reglas” en realidad eran simplemente estrategias que habían funcionado en determinado momento.
Y eso cambia muchísimo la perspectiva.
Lo que funcionaba hace diez años no necesariamente funciona hoy.
Las plataformas cambiaron. Los algoritmos cambiaron. Las personas cambiaron. La manera de comprar cambió. La forma de consumir contenido cambió.
Incluso la manera en la que descubrimos una marca es completamente diferente.
Hoy podemos conocer una empresa porque vimos un Reel, porque alguien habló de ella en TikTok, porque encontramos un post en LinkedIn, porque un creador la recomendó o porque una inteligencia artificial nos la sugirió.
Entonces, ¿cómo podríamos pensar que las mismas estrategias van a funcionar para siempre?
“Eso ya lo intentamos”
Hay una frase que me parece peligrosísima dentro del marketing:
“Eso ya lo intentamos y no funcionó.”
Porque inmediatamente me hace pensar: ¿no funcionó la estrategia o no funcionó la forma en la que se ejecutó?
¿Era la misma audiencia?
¿El mismo contexto?
¿El mismo canal?
¿El mismo mensaje?
¿La misma tecnología?
¿La misma competencia?
Porque decir que algo no funciona basándonos únicamente en una experiencia pasada puede hacernos perder oportunidades.
Y esto pasa muchísimo en empresas B2B.
Una empresa publica durante seis meses en redes, no obtiene resultados y concluye que “las redes sociales no funcionan para su industria”.
Mientras tanto, probablemente el problema nunca fue estar en redes.
Quizá el contenido era demasiado genérico. Quizá hablaban únicamente de su producto. Quizá no estaban llegando a la audiencia correcta. Quizá esperaban ventas inmediatas de una estrategia que primero necesitaba construir confianza.
No todo lo que no funcionó una vez está destinado a no funcionar.
A veces simplemente necesita hacerse diferente.
Tener experiencia no significa tener todas las respuestas
Aquí es donde probablemente voy a sonar un poquito joven, pero creo que es importante decirlo:
Tener más años en marketing no significa automáticamente saber más de marketing.
Así como tener 24 años y dos años de experiencia tampoco significa que no tengas nada que aportar.
La experiencia te da perspectiva.
Pero la curiosidad te mantiene actualizado.
Y creo que ambas cosas deberían trabajar juntas.
Una persona con veinte años de experiencia puede enseñarme muchísimo sobre estrategia, clientes, negocios y errores que probablemente yo todavía no he cometido.
Pero yo también puedo estar más familiarizada con determinadas plataformas, formatos, tendencias o comportamientos digitales porque son parte de mi día a día.
No es una competencia de quién sabe más.
Es entender que nadie puede saberlo todo.
El verdadero problema es el ego
Creo que aquí está el punto controversial de todo esto.
El problema no es saber mucho.
El problema es creer que ya lo sabes todo.
Porque cuando empiezas a tomar decisiones desde el ego, dejas de preguntarte si algo funciona y empiezas a querer demostrar que tú tienes razón.
Y el marketing no debería funcionar así.
No se trata de:
“Yo sé que esto funciona.”
Se trata de:
“Vamos a probarlo y ver qué nos dicen los datos.”
No importa cuánto tiempo lleves trabajando, cuántos cursos hayas tomado o cuántas campañas hayas hecho.
Si el comportamiento de tu audiencia cambió, tienes que cambiar con ella.
Y si una estrategia nueva funciona, debería importarte más que funcione a que haya sido idea tuya.
Y en B2B esto se nota muchísimo
Creo que uno de los mejores ejemplos está en la comunicación B2B.
Todavía existen empresas que hablan de sí mismas como si estuvieran redactando un folleto de hace 15 años:
“Somos líderes en soluciones integrales para…”.
“Contamos con amplia experiencia y tecnología de vanguardia…”.
“Ofrecemos soluciones innovadoras de alto valor agregado…”.
Y sí, probablemente todo eso sea cierto.
Pero la pregunta es:
¿A alguien le interesa leerlo?
Porque detrás de una empresa B2B también hay personas.
Personas que tienen problemas, objetivos, dudas, presupuestos, presión por resultados y poco tiempo.
El director que está buscando un proveedor no necesariamente quiere leer veinte publicaciones sobre lo increíble que es tu empresa.
Quiere saber si entiendes su problema.
Quiere confiar en ti.
Quiere encontrar una solución.
Y, antes de todo eso, probablemente necesita encontrarte.
Por eso creo que el marketing B2B tiene una oportunidad enorme de dejar de sonar tan corporativo y empezar a sonar más humano.
El contenido también cambió las reglas
Y aquí es donde personalmente más me gusta el tema.
Me encanta crear contenido. Desde que empecé en marketing, una de las partes que más disfruto es tomar una idea y convertirla en algo que pueda comunicarle a alguien más. Puede ser un video, una publicación, una campaña o simplemente una idea que después termina tomando otra forma.
De hecho, durante mucho tiempo quise ser YouTuber.
Spoiler: la cámara pudo más que yo.
Así que terminé quedándome detrás de ella, creando contenido para otras personas y marcas.
Y creo que eso también cambió mi forma de ver el marketing.
Porque cuando estás creando contenido constantemente, empiezas a notar algo: la gente no está obligada a escucharte.
Puede deslizar.
Puede cerrar el video.
Puede ignorar tu publicación.
Puede irse con tu competencia.
Y eso hace que tengas que preguntarte constantemente:
¿Esto realmente aporta algo?
En B2B, esa pregunta debería hacerse mucho más seguido.
Porque crear contenido no significa llenar un calendario de publicaciones.
Significa tener algo que decir.
El marketing necesita más preguntas
Tal vez el verdadero experto en marketing no es la persona que tiene respuesta para todo.
Tal vez es la persona que todavía se pregunta:
¿Por qué esto dejó de funcionar?
¿Por qué nuestra audiencia está reaccionando de esta manera?
¿Qué cambió?
¿Qué estamos haciendo por costumbre?
¿Qué podríamos probar diferente?
¿Qué está haciendo nuestra competencia que nosotros todavía no?
Y, sobre todo:
¿Qué estamos asumiendo que sabemos, pero nunca nos hemos detenido a comprobar?
Porque el marketing cambia demasiado rápido como para trabajar únicamente con certezas.
Necesitamos experimentar.
Observar.
Escuchar.
Medir.
Equivocarnos.
Volver a intentar.
Y aprender otra vez.
Entonces, ¿la gente que sabe de marketing es la que menos sabe de marketing?
Quizá el título es un poco injusto, controversial.
Pero quería que hiciera exactamente eso: que te detuvieras a leer.
Porque al final no creo que el problema sea saber de marketing.
Creo que el problema es dejar de querer aprender marketing.
No necesitas tener veinte años de experiencia para tener algo que aportar.
Pero tampoco necesitas tener dos años de experiencia para creer que ya lo sabes todo.
La experiencia importa. La formación importa. Los datos importan.
Pero la curiosidad también.
Y en una industria que cambia prácticamente todos los días, probablemente la habilidad más importante de un mercadólogo no sea saber todas las respuestas.
Es tener las ganas de seguir haciendo preguntas.
Porque el día que crees que ya sabes todo sobre marketing…
probablemente sea el día que dejaste de hacer marketing.
